El vuelo 401 de la Eastern Airlines partió del aeropuerto internacional John F. Kennedy en Nueva York en la noche del 29 de diciembre de 1972 con destino a Miami, comandado por un experimentado piloto Bob Loft, auxiliado por el primer oficial Albert Stockstill y Don Repo el Ingeniero de Vuelo, con 163 pasajeros a bordo, que junto con los 13 tripulantes hacían un total de 176 personas.


A las 21.00 horas se disponía a despegar del Aeropuerto Kennedy de Nueva York rumbo a Miami. El avión, un Lockheed Tristar L-1011 (versión 318), fabricado por la empresa Lockheed, matrícula N310EA, llevaba cuatro meses efectuando la misma ruta y contabilizaba en su haber 500 aterrizajes sin haber sufrido el más mínimo incidente. El avión -que tenía menos de 1.000 hrs. de vuelo, había sido adquirido por la línea aérea Eastern un mes antes y era sensiblemente superior en confort a los Jumbos 747 y a los Douglas DC-10.
Con un poco de retraso, el comandante Bob Loft inició la maniobra de despegue y el vuelo transcurrió con toda normalidad durante las dos horas y media en que duró el trayecto hasta sobrevolar la vertical de Miami. En este momento, la tripulación comenzó con los procedimientos necesarios para el aterrizaje y los tripulantes de cabina se sentaron en sus retráctiles asientos situados al lado de cada una de las puertas.
Sin embargo, a las 23.32 horas, al iniciar la maniobra de descenso después de obtener el permiso de la torre de control de Miami, el primer oficial de vuelo, Albert Stockstill y el ingeniero Don Repo se percataron de que en el panel de control que señalaba el estado del tren de aterrizaje una luz no encendía (la pequeña bombilla que indicaba en luz verde que el tren de aterrizaje había bajado a su posición de aterrizaje). En efecto, los indicadores mostraban que la rueda delantera, la del morro de la aeronave, estaba bloqueada y posiblemente no se había desplegado al tirar la tripulación la palanca hacia abajo del tren de aterrizaje. Ante esta inesperada contingencia, el capitán optó por abortar el aterrizaje y ordenó al ingeniero Don Repo que descendiera hacia el foso donde se aloja el tren de aterrizaje, una zona comúnmente denominada “foso del infierno”, en la jerga aeronáutica. Mientras, el comandante Bob Loft activó el piloto automático y situó el avión a dos mil pies de altitud, volando en círculo por los alrededores del Parque Nacional de Everglades, a la espera de que Repo intentara descubrir qué había ocurrido con el tren de morro.
Entonces ocurrieron una serie de hechos del todo inexplicables: Al parecer, al levantarse de su puesto y desabrocharse el cinturón de seguridad, para alcanzar la luz problemática el comandante Bob Loft toco involuntariamente la barra del timón, circunstancia que provocó que el piloto automático se apagara sin emitir ninguna advertencia. El avión comenzó a perder altura paulatinamente. (De haber desconectado el piloto automático en su totalidad, el avión hubiese emitido una alarma que habría avisado visual y sonoramente a la tripulación, de que el piloto automático estaba fuera de funcionamiento). Obviamente, el comandante informó a la torre de la incidencia causada con el tren de aterrizaje y de su decisión de volar en círculos hasta comprobar que la supuesta avería señalizada en el panel de instrumentos era ciertamente real. Al poco, Don Repo informaba desde la puerta de entrada del foso que no lograba ver por la mirilla si el El tren se había desplegado correctamente. En el empeño de arreglar la falla con el indicador del tren de aterrizaje, la tripulación se olvidó de atender al indicador de altitud y no se apercibió que el avión perdía altura peligrosamente.
Los controladores de la torre se extrañaron del extraño descenso del avión y alertaron del mismo a la tripulación, aunque con una frase vaga que no hacía directa alusión al descenso. La tripulación, a la pregunta de que si todo iba bien a bordo, interpretó que el controlador se estaba refiriendo al ya mencionado problema del tren de aterrizaje y contestó afirmativamente. La obscuridad nocturna del despoblado pantano sobre el que estaba sobrevolando la aeronave impidió que los pilotos se diesen cuenta de la baja y descendente cota que estaba adquiriendo el avión. Finalmente, las alarmas sonoras que alertaban de la proximidad de terreno pillaron desprevenida a la tripulación, no consiguiendo ésta evitar el impacto del avión contra la zona pantanosa.
El choque fue brutal y 99 pasajeros y 5 tripulantes fallecieron, aunque dos más murieron días después como consecuencia de las heridas. Se estimó que muchas víctimas murieron por la inhalación de gases venenosos desprendidos del combustible vertido al estrellarse el avión y otros ahogados en medio metro de agua, se especuló que incluso alguna víctima podía haber sido “rematada” por la acción de los muchos caimanes que poblaban la zona.
Los controladores de la torre se extrañaron del extraño descenso del avión y alertaron del mismo a la tripulación, aunque con una frase vaga que no hacía directa alusión al descenso. La tripulación, a la pregunta de que si todo iba bien a bordo, interpretó que el controlador se estaba refiriendo al ya mencionado problema del tren de aterrizaje y contestó afirmativamente. La obscuridad nocturna del despoblado pantano sobre el que estaba sobrevolando la aeronave impidió que los pilotos se diesen cuenta de la baja y descendente cota que estaba adquiriendo el avión. Finalmente, las alarmas sonoras que alertaban de la proximidad de terreno pillaron desprevenida a la tripulación, no consiguiendo ésta evitar el impacto del avión contra la zona pantanosa.
El choque fue brutal y 99 pasajeros y 5 tripulantes fallecieron, aunque dos más murieron días después como consecuencia de las heridas. Se estimó que muchas víctimas murieron por la inhalación de gases venenosos desprendidos del combustible vertido al estrellarse el avión y otros ahogados en medio metro de agua, se especuló que incluso alguna víctima podía haber sido “rematada” por la acción de los muchos caimanes que poblaban la zona.
“Recuerdo –explica la azafata Mercedes Ruiz en una entrevista–que me desperté en medio de una gran oscuridad. Miré al cielo y vi las estrellas. Era una noche muy oscura, sin Luna. No sabía dónde estaba ni qué había pasado. Me pareció que todo se desarrollaba a cámara lenta. No sentía dolor alguno. Me toqué la frente y noté algo gelatinoso. Sentí algo caliente que bajaba por el cuello.” Varias pequeñas explosiones y algunos fogonazos se produjeron en la negrura mientras los restos del fuselaje, incandescente, permanecían rodeados de humo. Aún aturdida, Beverly Smith, otra de las azafatas –que no posó en la fatídica fotografía que se tomó antes del despegue– convertida en ángel de la guarda, intentaba localizar a personas con vida entre el amasijo de hierros. “Comencé a gritar y Beverly me oyó –comenta Mercedes–. Me explicó que habíamos tenido un accidente, pero yo no daba crédito. Le dije que todo era un sueño y que cuando despertáramos estaríamos en casa. No tenía conciencia de lo que había pasado. Tenía mucho miedo. En la distancia vi algo luminoso. Durante mucho tiempo pensé que era algo fantasmagórico. Luego supe que se trataba de la turbina número dos, situada sobre el fuselaje del avión. Aquello me aterró. Se veía algo blanco en medio de la oscuridad. Beverly y un pasajero me ayudaron a moverme. Yo no podía porque tenía fracturada la pelvis. Me levantaron y me arrastraron hacia otro lugar. Poco a poco empecé a ser consciente de lo que había pasado. Me dije que nunca más volvería a volar.”
El comandante Bob Loft y su primer oficial Albert Stockstill fueron rescatados ya muertos; mientras que Don Repo luchó un día más contra la muerte, pero finalmente, corrió la misma suerte que sus dos compañeros.
Se determinó que la bombilla del tren de aterrizaje estaba fundida (una pieza que costaba menos de 25 centavos de dólar), circunstancia que a la postre distrajo a la tripulación y que provocó que el avión se precipitara inadvertidamente. El suceso conmovió a la opinión pública mundial, al ser el primer avión de fuselaje ancho que se estrellaba en los EEUU. Nadie entendía cómo pudo haber ocurrido aquello. Las conclusiones del Consejo Nacional de Seguridad en el Transporte (NTSB) fueron elocuentes: El accidente se debió a un error humano.

Todo podría haber terminado como un trágico acontecimiento más en el mundo aeronáutico, sin embargo no ha sido así: A partir de ese momento episodios inexplicables comienzan a suceder a tripulantes y pasajeros de la línea Eastern en el trayecto Nueva York-Miami: numerosos testigos afirman haber visto a Don Repo y a Bob Loft formando parte del pasaje dentro de las cabinas, principalmente en el área de cocinas. Inmediatamente la compañía se dispuso a negar y ocultar los misterios que se estaban sucediendo, llegando al extremo de prohibir a su personal cualquier tipo de comentarios relacionados con los hechos.

Todo podría haber terminado como un trágico acontecimiento más en el mundo aeronáutico, sin embargo no ha sido así: A partir de ese momento episodios inexplicables comienzan a suceder a tripulantes y pasajeros de la línea Eastern en el trayecto Nueva York-Miami: numerosos testigos afirman haber visto a Don Repo y a Bob Loft formando parte del pasaje dentro de las cabinas, principalmente en el área de cocinas. Inmediatamente la compañía se dispuso a negar y ocultar los misterios que se estaban sucediendo, llegando al extremo de prohibir a su personal cualquier tipo de comentarios relacionados con los hechos.
Sin embargo no logró conseguirlo del todo puesto que algunos acontecimientos se filtraron al público, siendo de esta forma que llegó a oídos del investigador John Fuller (El cual después escribiría un Libro Bestseller mundial: “El Fantasma del Vuelo 401”), quien inmediatamente se interesó por lo que realmente estaba ocurriendo. Después de investigar e interrogar a posibles testigos llegó a la conclusión de lo siguiente: No cabía ninguna duda sobre las extrañas apariciones que fueron catalogadas de fenómenos paranormales. Aparecen en forma de espectros que se ven flotando sobre las alas de los aviones, también como nubes fantasmagóricas y en algunos casos surgen voces “de ninguna parte”, dando desde enigmáticos mensajes, hasta precisas órdenes y recomendaciones técnicas para evitar catástrofes.
Entre algunos informes recogidos por Fuller se destacan los siguientes casos: En marzo de 1973 las azafatas Denisse Woodfrud y Ginny Packard trabajando en un mismo vuelo de la empresa Eastern, desde Nueva York, con destino a Miami, ven por separado la “presencia de un ser” incorpóreo, pero que a su vez significaba un obstáculo para su movimiento dentro de la cocina del avión; para (más tarde) surgir de una pequeña nubosidad el rostro claramente identificable de Don Repo.
En el mismo año, precisamente en el mes de septiembre, una azafata al prepararse para despegar desde Nueva York (por supuesto, con destino a Miami), observa que hay un pasajero de más que no figura en la lista, sentado en primera clase, vestido con uniforme de comandante de la empresa. Al inquirirle sobre por qué no figura en la lista de pasajeros y quien es y no recibir respuestas, llama a una compañera, que tampoco tiene éxito. Llamado el comandante de la nave ante la imposibilidad de solucionar el incidente, éste queda asombrado al reconocer en el intruso al desaparecido Bob Loft, quien para asombro de todos se desmaterializa ante sus ojos.
En febrero de 1974 el avión #318 de la Eastern Airlines un L-1011 en el cual se habían reportado varios avistamientos fantasmales hacia vuelos rutinarios a la ciudad de México. Vuelo 903 de New York a Ciudad de México Don Repo se manifestó primero a dos azafatas y luego al ingeniero de vuelo. Su rostro se materializa en la puerta de uno de los hornos de la cocina inferior y la tripulación oye claramente su voz que dice: ”Cuidado con el fuego en este avión”. El Avión Aterriza normalmente en ciudad de México y cuando están por despegar para seguir a Acapulco el motor 3 no enciende. El avión #318 es desalojado y espera una tripulación que lo regrese a base MIAMI para las reparaciones del motor 3 de estribor. Al tratar de despegar con solo dos motores (el Tristar estaba capacitado para ello) con solo la tripulación para llevarlo a base MIAMI. Estando a menos de 15 mts. sobre el suelo en VR (Velocidad de Rotación. Es la velocidad tras la cual el avión comienza a levantar el morro y así aumentar el ángulo de ataque.) El motor uno produce dos falsas explosiones y se detiene. El capitán logra hacer un giro con un solo motor y regresa a salvo a la ciudad de México. En lo que se calificó como un milagro y obra maestra de habilidad de pilotaje. Una exploración ulterior no encontró motivos para el paro del motor número uno. Se envían dos motores nuevos a ciudad de México y se instalan en el avión #318 y se removió la grabadora de voz de la cabina lo cual no tenía relación alguna con la falla de los motores. Con lo cual queda apto para entrar en servicio de nuevo.
John Fuller, luego de años de investigación y de recoger testimonios, no logró que la empresa aérea reconociera los hechos y llegó a las siguientes conclusiones: Los hechos suceden siempre en aviones L-1011 de la empresa Eastern Airlines, incluso en aviones que esta compañía ha alquilado a otras líneas. En la mayoría de los casos, los aviones en los que se han manifestado las apariciones, llevaban piezas recuperadas del trágico Vuelo 401.
La Aerolínea no reconoció nunca tales apariciones sin embargo después de la investigación de Fuller ordeno la remoción de todas las piezas recuperadas del L-1011 siniestrado y su destrucción posteriormente. Después de lo cual las apariciones fantasmagóricas cesaron por completo, lo que no salvo a la aerolínea de desaparecer pocos años después.
En una de sus últimas apariciones Don Repo prometió que él y toda la tripulación del vuelo 401 estarían protegiendo los vuelos de todos los L1011. “Nunca dejaremos que ocurra un accidente más en estos aviones”.








