martes, 16 de agosto de 2011

LOS FANTASMAS DEL VUELO 401





El vuelo 401 de la Eastern Airlines partió del aeropuerto internacional John F. Kennedy en Nueva York en la noche del 29 de diciembre de 1972 con destino a Miami, comandado por un experimentado piloto Bob Loft, auxiliado por el primer oficial Albert Stockstill y Don Repo el Ingeniero de Vuelo, con 163 pasajeros a bordo, que junto con los 13 tripulantes hacían un total de 176 personas.




A las 21.00 horas se disponía a despegar del Aeropuerto Kennedy de Nueva York rumbo a Miami. El avión, un Lockheed Tristar L-1011 (versión 318), fabricado por la empresa Lockheed, matrícula N310EA, llevaba cuatro meses efectuando la misma ruta y contabilizaba en su haber 500 aterrizajes sin haber sufrido el más mínimo incidente. El avión -que tenía menos de 1.000 hrs. de vuelo, había sido adquirido por la línea aérea Eastern un mes antes y era sensiblemente superior en confort a los Jumbos 747 y a los Douglas DC-10.
 Con un poco de retraso, el comandante Bob Loft inició la maniobra de despegue y el vuelo transcurrió con toda normalidad durante las dos horas y media en que duró el trayecto hasta sobrevolar la vertical de Miami. En este momento, la tripulación comenzó con los procedimientos necesarios para el aterrizaje y los tripulantes de cabina se sentaron en sus retráctiles asientos situados al lado de cada una de las puertas.
Sin embargo, a las 23.32 horas, al iniciar la maniobra de descenso después de obtener el permiso de la torre de control de Miami, el primer oficial de vuelo, Albert Stockstill y el ingeniero Don Repo se percataron de que en el panel de control que señalaba el estado del tren de aterrizaje una luz no encendía (la pequeña bombilla que indicaba en luz verde que el tren de aterrizaje había bajado a su posición de aterrizaje). En efecto, los indicadores mostraban que la rueda delantera, la del morro de la aeronave, estaba bloqueada y posiblemente no se había desplegado al tirar la tripulación la palanca hacia abajo del tren de aterrizaje. Ante esta inesperada contingencia, el capitán optó por abortar el aterrizaje y ordenó al ingeniero Don Repo que descendiera hacia el foso donde se aloja el tren de aterrizaje, una zona comúnmente denominada “foso del infierno”, en la jerga aeronáutica. Mientras, el comandante Bob Loft activó el piloto automático y situó el avión a dos mil pies de altitud, volando en círculo por los alrededores del Parque Nacional de Everglades, a la espera de que Repo intentara descubrir qué había ocurrido con el tren de morro.
Entonces ocurrieron una serie de hechos del todo inexplicables: Al parecer, al levantarse de su puesto y desabrocharse el cinturón de seguridad, para alcanzar la luz problemática el comandante Bob Loft toco involuntariamente la barra del timón, circunstancia que provocó que el piloto automático se apagara sin emitir ninguna advertencia. El avión comenzó a perder altura paulatinamente. (De haber desconectado el piloto automático en su totalidad, el avión hubiese emitido una alarma que habría avisado visual y sonoramente a la tripulación, de que el piloto automático estaba fuera de funcionamiento). Obviamente, el comandante informó a la torre de la incidencia causada con el tren de aterrizaje y de su decisión de volar en círculos hasta comprobar que la supuesta avería señalizada en el panel de instrumentos era ciertamente real. Al poco, Don Repo informaba desde la puerta de entrada del foso que no lograba ver por la mirilla si el El tren se había desplegado correctamente. En el empeño de arreglar la falla con el indicador del tren de aterrizaje, la tripulación se olvidó de atender al indicador de altitud y no se apercibió que el avión perdía altura peligrosamente.







Los controladores de la torre se extrañaron del extraño descenso del avión y alertaron del mismo a la tripulación, aunque con una frase vaga que no hacía directa alusión al descenso. La tripulación, a la pregunta de que si todo iba bien a bordo, interpretó que el controlador se estaba refiriendo al ya mencionado problema del tren de aterrizaje y contestó afirmativamente. La obscuridad nocturna del despoblado pantano sobre el que estaba sobrevolando la aeronave impidió que los pilotos se diesen cuenta de la baja y descendente cota que estaba adquiriendo el avión. Finalmente, las alarmas sonoras que alertaban de la proximidad de terreno pillaron desprevenida a la tripulación, no consiguiendo ésta evitar el impacto del avión contra la zona pantanosa.








El choque fue brutal y 99 pasajeros y 5 tripulantes fallecieron, aunque dos más murieron días después como consecuencia de las heridas. Se estimó que muchas víctimas murieron por la inhalación de gases venenosos desprendidos del combustible vertido al estrellarse el avión y otros ahogados en medio metro de agua, se especuló que incluso alguna víctima podía haber sido “rematada” por la acción de los muchos caimanes que poblaban la zona.




“Recuerdo –explica la azafata Mercedes Ruiz en una entrevista–que me desperté en medio de una gran oscuridad. Miré al cielo y vi las estrellas. Era una noche muy oscura, sin Luna. No sabía dónde estaba ni qué había pasado. Me pareció que todo se desarrollaba a cámara lenta. No sentía dolor alguno. Me toqué la frente y noté algo gelatinoso. Sentí algo caliente que bajaba por el cuello.” Varias pequeñas explosiones y algunos fogonazos se produjeron en la negrura mientras los restos del fuselaje, incandescente, permanecían rodeados de humo. Aún aturdida, Beverly Smith, otra de las azafatas –que no posó en la fatídica fotografía que se tomó antes del despegue– convertida en ángel de la guarda, intentaba localizar a personas con vida entre el amasijo de hierros. “Comencé a gritar y Beverly me oyó –comenta Mercedes–. Me explicó que habíamos tenido un accidente, pero yo no daba crédito. Le dije que todo era un sueño y que cuando despertáramos estaríamos en casa. No tenía conciencia de lo que había pasado. Tenía mucho miedo. En la distancia vi algo luminoso. Durante mucho tiempo pensé que era algo fantasmagórico. Luego supe que se trataba de la turbina número dos, situada sobre el fuselaje del avión. Aquello me aterró. Se veía algo blanco en medio de la oscuridad. Beverly y un pasajero me ayudaron a moverme. Yo no podía porque tenía fracturada la pelvis. Me levantaron y me arrastraron hacia otro lugar. Poco a poco empecé a ser consciente de lo que había pasado. Me dije que nunca más volvería a volar.”
El comandante Bob Loft y su primer oficial Albert Stockstill fueron rescatados ya muertos; mientras que Don Repo luchó un día más contra la muerte, pero finalmente, corrió la misma suerte que sus dos compañeros.



Se determinó que la bombilla del tren de aterrizaje estaba fundida (una pieza que costaba menos de 25 centavos de dólar), circunstancia que a la postre distrajo a la tripulación y que provocó que el avión se precipitara inadvertidamente. El suceso conmovió a la opinión pública mundial, al ser el primer avión de fuselaje ancho que se estrellaba en los EEUU. Nadie entendía cómo pudo haber ocurrido aquello. Las conclusiones del Consejo Nacional de Seguridad en el Transporte (NTSB) fueron elocuentes: El accidente se debió a un error humano.




Todo podría haber terminado como un trágico acontecimiento más en el mundo aeronáutico, sin embargo no ha sido así: A partir de ese momento episodios inexplicables comienzan a suceder a tripulantes y pasajeros de la línea Eastern en el trayecto Nueva York-Miami: numerosos testigos afirman haber visto a Don Repo y a Bob Loft formando parte del pasaje dentro de las cabinas, principalmente en el área de cocinas. Inmediatamente la compañía se dispuso a negar y ocultar los misterios que se estaban sucediendo, llegando al extremo de prohibir a su personal cualquier tipo de comentarios relacionados con los hechos.


Sin embargo no logró conseguirlo del todo puesto que algunos acontecimientos se filtraron al público, siendo de esta forma que llegó a oídos del investigador John Fuller (El cual después escribiría un Libro Bestseller mundial: “El Fantasma del Vuelo 401”), quien inmediatamente se interesó por lo que realmente estaba ocurriendo. Después de investigar e interrogar a posibles testigos llegó a la conclusión de lo siguiente: No cabía ninguna duda sobre las extrañas apariciones que fueron catalogadas de fenómenos paranormales. Aparecen en forma de espectros que se ven flotando sobre las alas de los aviones, también como nubes fantasmagóricas y en algunos casos surgen voces “de ninguna parte”, dando desde enigmáticos mensajes, hasta precisas órdenes y recomendaciones técnicas para evitar catástrofes.
Entre algunos informes recogidos por Fuller se destacan los siguientes casos: En marzo de 1973 las azafatas Denisse Woodfrud y Ginny Packard trabajando en un mismo vuelo de la empresa Eastern, desde Nueva York, con destino a Miami, ven por separado la “presencia de un ser” incorpóreo, pero que a su vez significaba un obstáculo para su movimiento dentro de la cocina del avión; para (más tarde) surgir de una pequeña nubosidad el rostro claramente identificable de Don Repo.


En el mismo año, precisamente en el mes de septiembre, una azafata al prepararse para despegar desde Nueva York (por supuesto, con destino a Miami), observa que hay un pasajero de más que no figura en la lista, sentado en primera clase, vestido con uniforme de comandante de la empresa. Al inquirirle sobre por qué no figura en la lista de pasajeros y quien es y no recibir respuestas, llama a una compañera, que tampoco tiene éxito. Llamado el comandante de la nave ante la imposibilidad de solucionar el incidente, éste queda asombrado al reconocer en el intruso al desaparecido Bob Loft, quien para asombro de todos se desmaterializa ante sus ojos.

En febrero de 1974 el avión #318 de la Eastern Airlines un L-1011 en el cual se habían reportado varios avistamientos fantasmales hacia vuelos rutinarios a la ciudad de México. Vuelo 903 de New York a Ciudad de México Don Repo se manifestó primero a dos azafatas y luego al ingeniero de vuelo. Su rostro se materializa en la puerta de uno de los hornos de la cocina inferior y la tripulación oye claramente su voz que dice: ”Cuidado con el fuego en este avión”. El Avión Aterriza normalmente en ciudad de México y cuando están por despegar para seguir a Acapulco el motor 3 no enciende. El avión #318 es desalojado y espera una tripulación que lo regrese a base MIAMI para las reparaciones del motor 3 de estribor. Al tratar de despegar con solo dos motores (el Tristar estaba capacitado para ello) con solo la tripulación para llevarlo a base MIAMI. Estando a menos de 15 mts. sobre el suelo en VR (Velocidad de Rotación. Es la velocidad tras la cual el avión comienza a levantar el morro y así aumentar el ángulo de ataque.) El motor uno produce dos falsas explosiones y se detiene. El capitán logra hacer un giro con un solo motor y regresa a salvo a la ciudad de México. En lo que se calificó como un milagro y obra maestra de habilidad de pilotaje. Una exploración ulterior no encontró motivos para el paro del motor número uno. Se envían dos motores nuevos a ciudad de México y se instalan en el avión #318 y se removió la grabadora de voz de la cabina lo cual no tenía relación alguna con la falla de los motores. Con lo cual queda apto para entrar en servicio de nuevo.

John Fuller, luego de años de investigación y de recoger testimonios, no logró que la empresa aérea reconociera los hechos y llegó a las siguientes conclusiones: Los hechos suceden siempre en aviones L-1011 de la empresa Eastern Airlines, incluso en aviones que esta compañía ha alquilado a otras líneas. En la mayoría de los casos, los aviones en los que se han manifestado las apariciones, llevaban piezas recuperadas del trágico Vuelo 401.
La Aerolínea no reconoció nunca tales apariciones sin embargo después de la investigación de Fuller ordeno la remoción de todas las piezas recuperadas del L-1011 siniestrado y su destrucción posteriormente. Después de lo cual las apariciones fantasmagóricas cesaron por completo, lo que no salvo a la aerolínea de desaparecer pocos años después.

En una de sus últimas apariciones Don Repo prometió que él y toda la tripulación del vuelo 401 estarían protegiendo los vuelos de todos los L1011. “Nunca dejaremos que ocurra un accidente más en estos aviones”.










jueves, 4 de agosto de 2011

CHATEANDO AL MAS ALLA

Un día me dijo que era vidente, y no es que no le creyera, pero me muestro generalmente bastante incrédula respecto a estos temas. Lo que no veo, no existe para mí. No digo que debiera haberle creído sólo porque le estimaba ya que en mi opinión la amistad y la confianza son muy importantes, pero simplemente hice un esfuerzo y le di el beneficio de la duda. ¿Y si era yo la que estaba equivocada?. No volvimos a hablar del tema hasta que un día volvió a aparecer en el chat donde estábamos hablando y me envió un privado. Era una de esas ventanitas que sólo podíamos ver ella y yo. Absolutamente privado.

ELLA - Hola, ¿seguimos el tema?
YO - ¡Vale! Pero no creo que puedas convencerme, ya sabes... me cuesta creer estas
cosas.

ELLA - No pretendo convencerte de nada, pero nací con ciertos dones y tampoco tengo
intención de ocultarlos al mundo.

YO - Eso debe estar bien.

En realidad no sabía qué decirle. ¿Estaba bien? En fin... poco podía decir yo al
respecto.

ELLA - Está bien, pero no siempre. Cuando tengo una visión acabo agotada.
YO - ¿Te supone un esfuerzo?

ELLA - Sí, bastante esfuerzo.

YO -¿Y por qué lo haces?

ELLA - No es algo que se elija, se nace con ello.

Hubo un silencio en el que ninguna de las dos parecía saber qué decir. Miré el canal
donde nos habíamos conocido siete meses atrás. Estaban hablando de las próximas
vacaciones de verano.

ELLA - ¿Sigues ahí?
YO - Sí, ¿no puedes verlo? .-Bromeé.

Entonces dijo algo que me asustó.

ELLA - Sí, puedo verte.

Tragué saliva y pensé, vaya, me está tomando el pelo y yo caigo como una tonta.
Sentí un escalofrío pero decidí presionarla.

YO - ¿Ah, sí? Pues dime... ¿con quién estoy?
ELLA - Sola

Bueno, eso podía haberlo comentado antes en el chat y que ella lo hubiese leído.
Decidí seguir con aquello como si se tratara de un juego.

YO - Dime algo que me sorprenda. Algo que veas en mi habitación.
ELLA - Veo que tienes algunas de las teclas de tu ordenador borradas. Tecleas rápido.

YO - Ya, pero eso puede pasarle a cualquiera. Las letras de los teclados se borran.

ELLA - Tú tienes borrada la A, la S, la L y la M.

Miré mi teclado más curiosa que horrorizada, pero de la curiosidad a la ansiedad
hubo tan sólo un instante. Ya no me hacía tanta gracia el juego. Mi condición de
incrédula, no obstante, me hizo ir más allá.

YO - Amiga... estoy segura de que casi todos tenemos las mismas letras borradas. Dime
algo que sorprenda de verdad.
ELLA - ¿Por qué quieres seguir con esto si no me crees?

Buena pregunta, pensé.

YO - Igual para conocerte un poquito más, o para experimentar algo que no haya
experimentado antes.

En ese momento supe que ella sonreía desde su lado del monitor. Internet es un sitio curioso. Estás en tu casa, en camiseta de tirantes y pantalón corto, descalza y con el ventilador puesto cuando al otro lado de la pantalla alguien te habla abrigado hasta el cuello, con un par de calcetines y la estufa puesta porque tú estás disfrutando del inminente verano y ellos aún están pasando el clima del invierno.

Mi amiga se había mostrado siempre amable, abierta, simpática y con un buen sentido del humor. Se podía decir que coincidíamos en todo menos en este tema. No nos gustaba el fútbol, adorábamos las comedias, nos encantaba Oscar Wilde, ambas habíamos visitado Orlando, a las dos se nos había muerto el padre... ¡eran tantas cosas las que nos acercaron y nos hicieron grandes amigas!.

ELLA - ¿Cómo llevas el libro? –Preguntó de pronto.
YO - ¿Qué libro?

ELLA - El que tienes encima de la mesa... déjame ver... La fuerza bruta, de John
Steinbeck.

Miré a mi derecha con los ojos como platos. ¿Se lo había dicho? ¿Le había dicho que lo había empezado o que iba a leerlo? ¿Le había dicho que solía poner los libros en mi mesa porque me encantaba mirar una y mil veces las portadas de los libros que me estaba leyendo? Evidentemente, la respuesta debía ser sí.

YO - Acabo de empezarlo.

Lo escribí sin dejar notar nada sobre mi –todavía- sorpresa.

ELLA - Yo no lo he leído.
YO - Ya te diré qué me parece.

En el chat general el tema de conversación giraba en torno a las lanchas motoras. No me pareció más interesante que mi conversación en privado y me puse a pensar qué podía preguntarle para descubrirla o rendirme a sus pies definitivamente. Pero habló ella.

ELLA - Alguien va a llamar a la puerta.
YO - Ah, pues ve, te espero.

ELLA - No. Es en tu casa.

Sonreí incrédula. Iba a poner una risa (jajajaja) cuando sonó el timbre. Miré hacia la puerta de la habitación. Mis ojos volvieron a la frase premonitoria de mi amiga.

YO - Ahora vengo.
ELLA - Ok.

Llegué hasta la puerta y miré por la mirilla. Un vendedor de alfombras.
- No me interesa. –Dije para no tener que abrir.
El chico dijo algo que sonó despectivo y se marchó a otro piso.
Volví al chat.

YO - ¿Cómo lo sabías? Era un vendedor de alfombras.
ELLA - Te he dicho que puedo verte.

Sopesé la posibilidad de que tuviera razón pero mi sensatez lo negaba una y otra vez. No había nacido yo para creérmelo todo, y menos aún aquello que escapaba a la lógica. Mi amiga no sólo estaba en su casa, sino que estaba en otro país y teníamos distinta franja horaria.

ELLA - ¿Sabes? Algo me dice que debo seguir mirándote. No te asustes pero...
YO - pero???????

ELLA - Es que no sabría explicártelo. Generalmente tengo visiones premonitorias, otras veces, como hoy, puedo provocar el verte. Aparecen imágenes frente a mí y te veo, veo tu habitación, pero esto supone un gran esfuerzo. Me duele la cabeza.

YO - Ya, pero... ¿y el “pero” que decías?

ELLA - Es que no quiero asustarte pero presiento algo raro.

YO - Ahora sí que me estás asustando.

¡Pero qué poca firmeza tenía, por Dios! ¡Ahora estaba asustándome de verdad! Yo, la
incrédula, la que si no ve, no cree. Me sentía agitada. Quizás se debía a que eran
pasadas las diez de la noche ya, estaba sola en casa y la última persona que había
visto había sido un desconocido poco amable desde una mirilla. Al menos aún podía
escuchar el volumen alto de un televisor. Era mi vecina, una viejecita que estaba
algo sorda.

YO - No sé pero... quizás deberíamos cambiar de tema.
YO - No es que me hayas convencido pero...

ELLA - No te preocupes, te entiendo. ¿Tengo tu permiso para seguir observando?

YO - Claro, pero que conste que no tengo tan claro que puedes verme. Mi sentido poco credulo me impide creerte.

Miré de nuevo el chat para ver si surgía algún tema en el que pudiera involucrarme
pero estaba parado. Había unos siete miembros en el chat y ninguno de ellos hablaba.
Todos estaban en privados. Miré la ventanita del privado de mi amiga.

Iba a escribir algo cuando ví que ella se me había adelantado.

ELLA - Cielo, ahora te asustes pero, no estás sola.

Sentí un escalofrío en mis piernas y mis brazos. Tanto se erizó el vello que me
dolió. ¿Cómo se podía calificar a una de “cielo” para luego decirle que no estabas
sola en la habitación?.

YO - ¿Qué quieres decir? Me estás poniendo nerviosa.
ELLA - No puedo identificarle pero está detrás de ti

YO - Por favor para

ELLA - No se mueve casi, no te asustes, déjame observarle.

YO - Estoy asustada.

Ahora sí que lo estaba. Miraba la ventana. Oscuridad total. No me atrevía a girarme
hacia atrás. ¿Y si veía algo que no quería ver? ¿Y si allí estaba mi amiga? ¡u otra
persona! Eso aún era peor... comencé a notar un nudo en la garganta. Hubiera querido
ser más valiente o más cobarde y llorar, pero estaba estancada en mi propia lucha
para creer o no creer.

ELLA - ¿Notas frío a tu alrededor?

Su pregunta me llegó casi cuando estaba a punto de apagar el ordenador y encender la
luz del techo para meterme rápidamente en la cama y olvidarme del tema.

YO - Estamos a más de 30 grados.- Le informé.
ELLA - Ok. Es que no consigo entrar en él.

YO - ¿¿¿EL??? ¿entrar??

ELLA - Se muestra como una estatua por eso no me deja descubrirle. No sé si es bueno
o tiene malas intenciones. Sólo sé que está ahí, estático.

YO - Yo no veo a nadie... esto no me gusta.

ELLA - Ya te dije que no te asustarás, cielo. Además, yo estoy contigo.

YO - Sí, a miles de kilómetros de distancia.

Entonces lo noté. Una especie de roce helado, como si hubieran puesto una mano sobre
mi brazo. En la zona donde la sentí el pelo de mi brazo se erizó. Completamente en
alto. El resto de mi cuerpo no notó nada.

YO - ¡Está pasando algo!
ELLA - ¿Qué??

YO - He sentido un frío helado en mi brazo.

ELLA - Tranquilízate.

YO - Se me ha erizado el pelo, tengo una extraña sensación.

Comenzaba a ser pánico.

ELLA - Cielo, tranquila, hazme caso.
YO - Esto es muy raro

YO - Estoy asustada

YO - Necesito tranquilizarme, estoy.... joder!

YO - joder joder joder joder joder

ELLA - ¿Quieres dejar de escribir?

YO - joder joder joder joder joder

ELLA - Te va a dar una taquicardia, tranquilízate.

Y entonces noté un soplo frío en un mi cuello, como si me hubieran tirado el aliento.

YO - ¿Qué significa el frío del que me hablabas?
ELLA - El frío lo transmiten los muertos cuando se acercan, generalmente algo
enfadados o...

YO - ¿OOOOOO??????????

ELLA - violentos

YO - ¿VIOLENTOS?????

YO - Joder ayúdame, qué hagooooooooo?????

ELLA - Tranquilízate, yo no lo he visto moverse.

YO - ¡Haz algo!

ELLA - Cielo ¿quieres tranquilizarte?

YO - ¡Hay alguien conmigo joder! Tengo un muerto tirándome su aliento en mi espalda,
estoy acojonada estoy asustada estoy llorando

ELLA - Cielo.... ¿te importaría escucharme? Deja de escribir y lee esto

Hice un esfuerzo. Para mí escribir suponía no mirar atrás y leer palabras, ya fueran
suyas o mías, sentirme menos sola en mi habitación.

ELLA - No hay nadie, cariño.
YO - Lo dices para tranquilizarme.

ELLA - NO HAY NADIE

YO - Está aquí, lo siento, lo presiento lo notooooooo

ELLA - Ok. Escúchame. Era broma.

YO - ¿Broma????

ELLA - Quería demostrarte que no existen los incrédulos, cálmate por favor. Yo no veo
nada, es cierto que a veces tengo visiones premonitorias, como cuando han llamado a
la puerta, pero no puedo obligarme a ver a nadie.

YO - pero yo siento algo

Esto último lo escribí con lágrimas en los ojos y más asustada que nunca.
Sus palabras no me tranquilizaban. Las lágrimas a veces me impedían leer bien pero
me las quitaba restregándome en segundos los ojos o apretando los párpados para que
salieran disparadas y dejaran de molestarme.

ELLA - Voy a llamarte por teléfono.

Pocos segundos después sonaba el timbre del teléfono. ¿Había hecho ella misma una
conferencia para convencerme de que no existían las videntes ahora que ya me lo
había creído?. Fui a descolgar pero ocurrió algo que congeló mi mano en el aire.

ELLA - Cielo, no puedo llamarte sin desconectar esto. Sólo tengo una línea. ¿Puedo
llamarte o prefieres que sigamos aquí?

Cuando ya tenía puesta la mano en el auricular ví su privado. ¿Cómo podía escribirme
y llamarme a la vez? Miré el identificador de llamadas antes de descolgar. No había
número, era anónimo. No era ella. Eso lo tenía claro después de haber visto el
privado.

Respiré hondo y dudé entre contestar al privado o descolgar el teléfono. Me decidí
por la llamada.
- Dígame.
- Tu amiga vas a morir mientras tú escuchas este mensaje.

Jamás había sentido tanto miedo y jamás en mi vida mi corazón había dado un vuelco
tan grande ni mis piernas –aún sentada- me habían fallado con tal rapidez. Me hice
de mantequilla. Comenzó a darme vueltas la habitación y luché por recuperar el
aliento.

De pronto la línea se cortó y comenzó el molesto pitido de “comunicando”.
Solté el auricular como si me quemara en las manos.
Volví rápidamente al chat, al privado. Tecleé tan rápido que lo escribí todo mal.

YO - ?ESta`s ahí´?
YO - respondeeee!!!!
YO - responde por favvor!!!!
YO - ¿no me lees¿¿¿
YO - DI ALGOOOOOOOO

Histérica, cogí mi agenda y marqué su número de teléfono. Yo sí tenía dos líneas y
podía permitirme permanecer en internet mientras le llamaba. Conseguí comunicación
con el extranjero y esperé... esperé nerviosa, mordiéndome el labio, más agitada que
entera, más asustada que nunca... prácticamente bailaba en mi asiento.

Pero no contestaba.

Colgué furiosa pegándole tal golpe al auricular que pensé que me habría cargado el
teléfono. Volví al privado y traté de que mi amiga respondiera. No lo hacía. Al
final apareció un mensaje en mi privado. En su ventana.

ELLA - Ahora sí te veo. No tengas miedo. Sólo me quedaré un momento.

Sentí un escalofrío que me recorrió la espina dorsal. El chat me indicó que tras
escribir esa última frase, mi amiga había salido del chat. Ya no estaba allí. No se
había despedido de nadie, ni de mí, ni del resto de los miembros del chat. Había
desconectado.

Miré fijamente la pantalla que sólo se movía ahora en el chat general. Ni siquiera
sé de qué estaban hablando. Para mí todas las líneas no tenían significado, sólo
podía mirar su último comentario del privado. “Ahora sí te veo. No tengas miedo.
Sólo me quedaré un momento”.

Entonces lo entendí.
Comencé a llorar desesperada.

Mis manos corrieron a mis ojos y lloré sofocada, entendiendo que mi amiga había
muerto, que era yo la que había tenido el presentimiento y la premonición, y que
ahora ella estaba a mi lado. Esta extraña comprensión me hizo girarme y mirar mi
habitación vacía. No quería creer que no estuviera allí. No podía, no después de
todo....

Una caricia, tan suave que apenas era como un suspiro, acarició mi cabeza.
Transmitió tal cantidad de paz que lejos de asustarme me relajó. Mis lágrimas
continuaron cayendo por las mejillas. Ya no las secaba. Miraba al vacío sabiendo que
ella estaba frente a mí.

- ¿Qué te han hecho? . –Pregunté al aire.
- Pssss.
Respiré hondo al escuchar ese sonido. Era como cuando era pequeña, tenía miedo y mi
madre ponía su dedo en la boca y soplaba para que olvidara el tema y pensara en
cosas bonitas.

Ladeé triste la cabeza. La paz de su caricia no me abandonaba pero sabía que éste
sería nuestro primer y último encuentro sin el ordenador de por medio. Me tembló el
labio.

- Te echaré de menos.

En ese momento en el ordenador hubo un movimiento general. Se minimizó el chat, se
abrió solo un tratamiento de textos, y apareció una corta frase en una página en
blanco:

Y YO A TI.